El 2020 viene a ser como un romance. Una intimidad dentro de cada uno para recuperar una verdad propia y disolver patrones obsoletos. Evaluar con quién está mi lealtad y cómo el orden que le he dado a mi vida me lleva, o no, a ser coherente con el sueño que me guía.

Este 2020 es un año para ordenarnos. Revisar cómo estamos viviendo y hemos tenido ordenada la vida hasta ahora. Va desde considerar las cercanías con las personas que consideramos importantes, hasta la base de lo que consideramos importante.

 

Vamos a revisar de dónde vienen los valores y principios que nos guían, si son propios y coherentes conmigo o más bien heredados y como un "deber ser".


También revisaremos las amistades, contactos y red social de la que nos hemos rodeado, qué tanto se basan en afinidad, intereses compartidos y funcionan en torno a la reciprocidad.

 

Así mismo, vamos a mirar más de cerca los planes que hemos elegido como prioritarios, con el afán de ajustar el rumbo y actualizar el sentido que tienen de acuerdo a lo que queremos construir.

 

Este es un año para comprometerse con uno mismo, con los compromisos que uno mismo eligió. Y comprobar que están alineados con mis rutinas y costumbres.

Ya que este 2020 se trata de un año 

para ser, ante todo, fiel a uno mismo.

Leal y obediente al llamado del corazón y para eso nos ofrece despejar las heridas del pasado.

 

Para vernos en una luz nueva, bella y verdadera. Tanto desde lo individual, pasando por las relaciones que establecemos y hasta los colectivos de los cuales formamos parte.

2020

Este año es muy probable que nos visite el pasado, y con sus recuerdos, se revele el rastro de cómo nos formamos, de dónde surgió nuestra manera de ser, nuestra manera de sentir.

Especialmente a cómo nos trataron, los vínculos más significativos, con la mamá y el papá, y al relación de ellos como un parámetro de relación entre polos de aplicación universal.

La experiencia de intimidad viene de la relación con la adre, es que podemos experimentar, y que luego nos dará la base para toda nuestra posibilidad de intimidad, confianza y grados de dependencia en al vida.

Todas las relaciones de dependencia, vínculos significativos y relaciones de apego que experimentamos en la vida se desprenden de esa relación matriz con mi fuente de vida, la mamá.

Este año podremos despejar las heridas que pudieron resultar de esos vínculos fundantes con la familia de origen y el lugar que se nos dio. Y así no reproducir interpretaciones hirientes de lo que ocurre.

Las interpretaciones son nuestras. Este año podemos darnos cuenta y las podemos cambiar, si es que tenemos las agallas y la tolerancia de identificarlas y definirlas como tal: heridas.

Este año podremos darnos cuenta cómo mi significado personal, el sentido que le doy a mi vida, mi valoración propia vienen en gran medida de cómo me sentí cercana, querida, valorada y cuidada en esos vínculos. Y al revés. 

Entonces podremos desentrañar la propia subjetividad, desde las pistas que nos traigan los recuerdos, de cómo se formó esa subjetividad y se tiñeron los lentes con que veo e interpreto la vida.

Ese es el regalo de este 2020, la posibilidad de recordar y recordando, volver a pasar por el corazón y actualizar los lentes, limpiar las heridas, recuperar los significados.

Para vivir en forma más verdadera, más coherente y eligiendo el significado más constructivo, el lente que reconoce la necesidad de otro y la inter dependencia como parte de la vida. Para tomar las decisiones que nos permitan vivir de forma más justa y bella: una vida con sentido.

 

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