noviembre 2019 integrando un centro sentido

November 1, 2019

 

(( La foto es de un ejercicio de yoga para encontrar el propio centro con giros de columna.Sentado en con las piernas cruzadas apoya tus manos sobre las rodillas, brazos estirados, mentón hacia el pecho y con los ojos cerrados gira desde la base de la columna sintiendo las sensaciones.Inhala adelante y exhala atrás, primero hacia un lado y después hacia el otro.))

 

NOVIEMBRE  2019

 

Este mes nos ofrece la oportunidad de integrar nuestra identidad y trascender las polaridades que nos solían ordenar, las categorías que nos dividen, para volver a centrarnos en algo más real, sentido y edificante.

 

Integrar la identidad, por un lado, tiene que ver con liberarse de los prejuicios a los que nos hemos ido acostumbrando, que nos ordena y simplifican la vida. Pero que al volverse categorías automáticas pasan a decidir nuestra percepción, que se vuelve sesgada.

 

Y así discriminamos. Sin darnos la oportunidad de conocer a las personas o situaciones, sino que las despachamos desde las categorías a las que estamos acostumbrados.

 

Lo mismo nos ocurre internamente cuando no nos disponemos a sentir una situación con el corazón, con la guata, sino que le aplicamos la etiqueta que primero nos viene a la cabeza y nos cerramos.

 

Si volvemos al cuerpo, al sentir, es posible que se abra el corazón, y de a poco se despeje el lente de categorías automáticas. Entonces ver las cosas en un lente fresco, informado por la sensibilidad e cada uno.

 

Y así no podemos dar cuenta de los prejuicios y en vez de ellos ir conversando, abriendo diálogos internamente desde un centro sentido, desde una consciencia que parte de lo corporal y recoge las emociones, motivaciones para conocerlas y tenerlas en cuenta antes que se imponga tal o cuál idea.

 

Noviembre ofrece transcendencia en la medida que volvamos al cuerpo, al sentir, y nos dispongamos a hablar, expresar pero también escuchar. reconocer lo que nos sucede y nos mueve libre e polarizaciones y categorías, ir articulando una expresión sentida.

 

Y así, desde lo personal, podemos trabajar una disposición a reconocer, integrar y trascender la identidad que se ha configurado cada uno en torno al sentir y a los opuestos de categorías que me dicen quién soy.

 

Esto también puede resonar a nivel social y a nivel de país e identidad nacional. Está la posibilidad de sensibilizarnos y liberarnos de muchas categorías y modos de alienación entre unos y otros. Para reconocernos como un total, una unidad.

 

​El 11, como ley espiritual del desarrollo, ofrece esa maravilla de integrar y trascender, poniendo las polaridades a bailar al son de una música que convoca para sacar lo mejor de cada uno.

 

​Pero el 11 también puede ser dolor por negligencia, cinismo, arribismo y todas las formas de inconsciencia que dan el contrapunto al valor de trascender. Lo que hace que el 11 nos integre es la consciencia.

 

​Una oportunidad de conocernos desde la consciencia de saber de nosotros, de unos y de otros, distinguir lo que uno siente, y también lo que siente el otro.

 

Una trascendencia individual y grupal, al vivir desde un sentir humano, que entraña el interés por el otro, tanto como el amor por uno mismo.

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